Selma: resistencia y esperanza

He pasado semanas pensando en el tema del primer artículo de este blog que significa tanto para mí. Tenía la certeza de empezar con mi libro favorito: Selma, de Jutta Bauer. En un inicio, tuve la intención de crear un post alegre en torno a esa historia y la infancia pero, en realidad, no puedo hablar de la infancia con la que sueño cuando esta ya ha sido negada a una cantidad insultante de niños y niñas en Palestina y cuya cifra aumentará cada vez que alguien lea esta publicación.

Por esa razón, en este artículo intento explorar cómo la historia de Selma nos transmite esperanza y nos invita, sin ser su intención, a la resistencia en un mundo dominado por el capitalismo y una de sus más desafortunadas consecuencias: el consumismo desenfrenado que, a su vez, respalda acciones completamente inhumanas.

Esto surge porque ante el horror del genocidio, sé que muchos nos preguntamos si hay algo que podamos hacer. Pienso entonces en el impacto que la micropolítica puede tener, es decir, generar acciones en la cotidianidad que pueden parecer pequeñas pero cuyos resultados impactan y generan presión a sectores que ejercen un gran poder y que, por lo tanto, podrían hacer cambios importantes.

Para darme a entender, empezaré por contarles la historia de Selma, una oveja que para mí es ahora símbolo de resistencia y esperanza como bien dice el título de esta entrada. El libro inicia con un perro que, a punto de terminar una copa de vino, lanza la pregunta eterna: ¿Qué es la felicidad?

Entonces el viejo sabio nos cuenta la historia de Selma, una oveja que día con día sigue la misma rutina: al amanecer come un poco de hierba. Después da clases a niños, se ejercita, come más hierba y, antes de dormir profundamente, conversa con la señora Meyer.

Luego se le cuestiona qué haría si tuviera más tiempo. Su respuesta es la misma rutina. Al final, al preguntarle qué haría si ganara la lotería, su rutina permanece intacta (aunque quizá con un poco de más hierba). 

Quiero advertir que, al menos desde mi interpretación, este libro no pretende aleccionar o dejar una moraleja, como tampoco pretendo hacerlo con este artículo. Pero muestra con claridad un concepto de felicidad, aunque claro que puede haber muchos más. Sin embargo, hoy más que nunca, el mensaje de Selma me parece que debe llegar a más personas: la rutina no es pasiva y puede ser emancipadora.

Dicho con mayor claridad, Pablo Fernández Christlieb, psicólogo social de la UNAM y mi ensayista de la vida cotidiana preferido, escribe un artículo titulado La rutina y hace una declaración contundente: la rutina acaba con el capitalismo. Cada vez vivimos más invadidos de publicidad y sentimos la urgencia de comprar cosas. Y es que, además, es engañosamente fácil. 

Dice el autor:

«a medida que la vida es  emocionantísima todo el mundo aspira y sueña con tener nuevas experiencias (la experiencia es la ultimada mercancía, lo más nuevo que acaba de salir al mercado), y cualquier experiencia, sea la que sea, hay que conseguirla, porque por definición es el antídoto contra la rutina: comprar un iPhone, aventarse en parapente, estar en la zona VIP —no importa si del hipódromo o de un concierto—, desayunar champagne, defender a las minorías —no importa si de seres humanos o animales—, hacer cuatro minutos de mindfulness, besar a un sapo.»

Es verdad que consumir nos genera una satisfacción inmediata y, de alguna manera, nos hace sentir que salimos de la rutina. Por algo, comprar a meses sin intereses, recibir un pedido en menos de 24 horas, contratar un viaje en una oferta única o pedir un antojo que llegue en máximo 30 minutos es algo que hemos normalizado. Al respecto se habla mucho de las consecuencias ambientales pero poco se mencionan las sociales, como el financiamiento de un genocidio (sin tener la más remota idea).

Sin duda, conocer y comprender esto genera mucha incomodidad. Un caso que me impactó ocurrió en un centro comercial de Ámsterdam en días previos a la Navidad. Mientras los clientes compraban tranquilamente, un mensaje comenzó a sonar en los altavoces:

“Dear shoppers, welcome to Bijenkorf. This Christmas season we invite you to stop shopping while the bombs are dropping. Over 20,000 people in Gaza were killed this winter season funded by your tax money. When you buy brands such as L´Oreal, Chanel and Dior, you make sure that Israel can continue its genocide on palestinians. And while you have been searching for the perfect gift, Israel has killed six children every hour. Six children every hour. In the last two and half months 8000 children have been killed1”. 

Al mismo tiempo que el audio los sorprende, comienzan a caer papeles similares a los que miles de palestinos reciben desde el cielo, obligándolos a abandonar el lugar donde viven y amenazándolos con morir. La idea es invitarlos a unirse al boicot contra marcas como las mencionadas, además de acciones que todos podemos hacer como informarnos, conversar  y difundir.

Fuente: Middle East Eye (@middleeasteye) «Así es como el opresivo ejército israelí notifica a los habitantes de Gaza de su muerte inminente, arrojando papeles sobre sus cabezas.»

Me parece grave que, en la más absoluta inconsciencia e inmersos en las necesidades mercadológicas y publicitarias que nos han creado (como Miniso y su lema No sabía que lo necesitaba), hemos sido parte de este financiamiento. La lista de marcas a las que se invita a boicotear es tan inmensa como cotidiana: Coca Cola, Domino’s, McDonalds, Starbucks, Puma, HP, Siemens, entre otras tantas. 

Lo cierto es que entre más investigo al respecto, más asqueada y frustrada me siento. Pero me aferro a la idea de que podemos adoptar un estilo de vida simple, como Selma, en una rutina que no nos manche las manos de sangre. Lo entiendo también como un cambio paulatino pero constante al que tenemos realmente la obligación de unirnos si es que queremos hacer algo.

Y es que, en realidad, la rutina puede resultar en la tranquilidad del alma, en un silencio que nos invita a mirar hacia adentro, reconciliarnos con nosotros mismos y ofrecer algo más noble al mundo. Retomo a Christlieb quien afirma que:

«La vida está hecha de sus rutinas, del rinconcito donde pegaba el sol, de la sombra del gato en la azotea, del suéter viejo, del foco que nunca servía, de tener que sentarse a hacer la tarea o las cuentas, de esperar a que llegue Godot, de ver siempre las mismas noticias. Uno no está hecho de sus aventuras ni de sus hazañas ni de sus anécdotas, sino que está hecho de sus rutinas, de lo que repite una y otra vez. Dice Michel Maffesoli —un sociólogo— que aquellos que repiten todos los días sus lugares y sus actos son los que les gusta estar acompañados de sí mismos.»

En este sentido, ¿por qué crear una rutina en la que incluyamos la micropolítica y la simpleza? Las razones son infinitas. Entre más consumimos, sobre todo ciertas marcas, más dañamos no solo al medioambiente, sino que beneficiamos a perpetradores de la violencia altamente poderosos.

Si logramos encontrar nuestra rutina ideal inspirados en Selma, recuperaremos mucho de lo que el capitalismo nos ha despojado: abrazar los rituales diarios, tener un pensamiento más profundo, lograr conversaciones más significativas, distraernos menos, relajar nuestro cerebro, tomar decisiones más conscientes, sentir, pasear a nuestro perro sin ver el celular… Mi propuesta no es radical; no se trata del completo abandono a nuestros hábitos y placeres (incluidos los materiales), pero sí de observar el mundo que nos rodea y recuperar la humanidad que nuestra vertiginosa realidad insiste en arrancarnos.

Así que, para inaugurar el blog, nos invito a incorporar la micropolítica, a informarnos bien, difundir y ser conscientes de cómo el capitalismo voraz nos vuelve parte de muchos problemas. Hay muchas formas de actuar según nuestras posibilidades e incluso personalidades, y varias acciones nos exigen poco y podemos implementarlas en nuestra vida cotidiana. Pensemos en Selma y su mensaje esperanzador. ¿Acaso no es todo eso un modo de resistencia ante un mundo que solo ofrece desolación y tragedia a una parte significativa de la población mundial?

*Más información sobre el boicot en BDS Movement y BDS: la lucha por Libertad, Justicia e Igualdad para los palestinos (puedes activar los subtítulos del video).

*Lista de marcas ordenadas por categorías: https://boycott.thewitness.news/categories

  1. «Estimados clientes, bienvenidos a Bijenkorf. Esta temporada navideña te invitamos a dejar de comprar mientras caen las bombas. Más de 20.000 personas en Gaza fueron asesinadas esta temporada de invierno financiada con el dinero de tus impuestos. Cuando compras marcas como L´Oreal, Chanel y Dior, te aseguras de que Israel continúe el genocidio contra los palestinos. Y mientras buscas el regalo perfecto, Israel ha matado a seis niños cada hora. Seis niños cada hora. En los últimos dos meses y medio han sido asesinados 8.000 niños.» ↩︎

14 respuestas a “Selma: resistencia y esperanza”

  1. Que hermosa invitación, que interesante interpretación de ese cuento tan bello en su simplicidad, yo lo leía como lo que te hace feliz, lo seguirás haciendo sin importar si tienes más dinero…las rutinas que te hacen feliz hay que atesorarlas

    Le gusta a 1 persona

  2. ¡Qué potente reflexión! Me dejó el corazón encogido, pensando en Palestina, un horror que están viviendo tantas personas y ante el cual siento impotencia por no poder actuar. Pero ahí viene la esperanza, sí puedo informarme más, vetar ciertas marcas y, poco a poco, aportar en lo que pueda, desde la lejanía pero en conciencia.

    Y amé cómo lo conectas con tu reflexión sobre Selma. La vida es sencilla, a veces nosotros la complicamos generándonos nuevas necesidades, pero la felicidad está en cosas pequeñas y se vive a momentos. Es algo que debemos recordar día a día para no caer en la vorágine del consumismo y su falsa ilusión de felicidad en cuotas.

    Le gusta a 1 persona

  3. Maravilloso mensaje Leti.
    A mi, en lo personal, me había hartado la rutina. Siempre trabajé jornada completa en colegio y después de pandemia decidí quedarme en mi hogar acompañando a mis hijas con más atención y dejé de trabajar fuera de casa ( digo fuera, porque en casa se trabaja mucho más). Sin horario, tenía que estar disponible 24/7 y sin sueldo 😓. Con esto en mente la rutina comenzó a matarme, a deprimirme. Abrir los ojos y pensar automáticamente todo lo que haría (que era lo mismo que los otros días) me hacía llora. Es entonces cuando aparecieron los cuentos, el compartir historias… y me puse a estudiar para prepararme bien y comenzar a profundizar en LIJ y en la forma de compartir y pararme frente a un público de ojitos curiosos.
    La rutina seguía siendo la misma, pero agregué un estimulante: Los libros. Ellos me sacaron de la depresión, me motivé a tener mis propios horarios para leer, para armar un cuento, para estudiar, para estar en clases virtuales… entonces, para mi, la rutina fue útil al final porque ya tenía todos mis horarios organizados y me pude enfocar en lo que quería alcanzar.
    ¡Gracias por esta reflexión!

    Me gusta

    • Qué buena reflexión, Lilian. Y sí, muchas veces tenemos que cambiar o agregar cosas a la rutina para que no se convierta en algo que nos haga daño. Me da gusto que hayas encontrado algo que le diera sentido, qué fortuna es tener acceso a los libros. Muchas gracias por leer el artículo y comentarlo 🙂

      Me gusta

  4. Fascinante Leticia, ya leído, te cuento que desde mi espacio laboral el concepto que abordamos es el de bienestar, es el estado más consciente y requiere trabajo y disciplina. El placer es más inconsciente y fugaz, el disfrute le sigue y finalmente a aquello que llamamos rutina o ritmo ( a mí me gusta más este último) nos regala Bienestar, porque podemos reconocer lo que nos hace bien o podemos tomar la decisión de aquello que no nos hace falta. Volveré a Leer Selma …. Muchas gracias Leticia …. Vuelvo a mi día tan parecido al de ayer 🌸🌸🌸

    Me gusta

    • ¡Hola, Mariela! Muchas gracias por esa reflexión tan interesante. Me gusta mucho el concepto de bienestar y también el de ritmo. Qué bueno que haya espacios laborales como el tuyo donde lo tomen en cuenta, es muy esperanzador. Gracias por leer y comentar 🙂

      Me gusta

Deja un comentario