Adolescence y el malestar masculino: lo que aprendí

En las últimas semanas, la miniserie de Netflix Adolescence ha generado un sinfín de reacciones y conversaciones. Esta, que en tan solo 18 días se posicionó como una de las series en inglés más vistas, y que hasta el 4 de abril de este año encabezaba el rating del catálogo de México, ha suscitado múltiples debates y perspectivas que se han difundido, sobre todo, a través de redes sociales.

Sin embargo, gran parte de este contenido ha impulsado una narrativa articulada alrededor del miedo que puede provocar el entorno digital juvenil, con su lenguaje y sus códigos, además de enfocarse en el caso individual de Jamie, el protagonista de la serie que, a sus 13 años, ha asesinado a una compañera.

Aunque es natural reaccionar desde el temor, es fundamental que nos acerquemos a este tema con la intención genuina de comprender a los adolescentes y su realidad actual, desde una mirada compasiva y esperanzadora. Este artículo propone un enfoque que nos invite a pensar como comunidad y como adultos con una responsabilidad importante, para que en lugar de recurrir al punitivismo y la vigilancia o al pánico, podamos promover formas activas de acompañamiento, escucha y cuidado con las generaciones más jóvenes. Para ello, comenzaré explicando de manera general qué es la manosfera y cómo está influyendo en la construcción de las masculinidades de muchos niños, adolescentes y jóvenes hoy en día.

¿Qué es la manosfera?

Es un conjunto de espacios virtuales formados por grupos que comparten una ideología misógina y antifeminista centrada en el victimismo masculino. Sus bases incluyen la creencia de que los hombres están siendo oprimidos por las mujeres y el feminismo, la banalización de la violencia contra ellas y la promoción de discursos de odio bajo esa línea.

En este contexto, como señalan Elisa García-Mingo y Silvia Díaz, la web ha actuado como un polinizador de tales discursos, permitiendo que se difundan y fortalezcan a través de la circulación de ideas, e incluso bromas y memes que contribuyen a normalizar y amplificar estos mensajes y que, como en el caso de la serie, pueden derivar en actos tan graves como el feminicidio. 

Sin embargo, estas acciones no son recientes. En su libro Extremism and Radicalization in the Manosphere, Deniese Kennedy-Kollar analiza casos como el de Elliot Rodger, un joven de 22 años que, en 2014, ejecutó una matanza que justificó como un acto de castigo y venganza hacia las mujeres que lo habían rechazado, así como hacia los hombres que, según él, eran más exitosos con ellas. La autora también señala que grupos y organizaciones como el Southern Poverty Law Center han estado monitoreando este tipo de comportamientos desde al menos 2012.

No es casualidad que esas ideas resuenen en la serie, donde se aborda a uno de los grupos más notorios —aunque no el único— de la manosfera: los incels (célibes involuntarios). Este grupo sostiene la teoría del 80/20, según la cual el 80% de las mujeres solo se interesa por el 20% de los hombres, a quienes consideran más atractivos, exitosos o deseables. Los incels, que no se sienten parte de ese grupo privilegiado, se perciben a sí mismos como feos, inadecuados o rechazados socialmente, lo que alimenta su frustración, resentimiento y, en ocasiones, violencia simbólica o explícita.

Pero, como todo movimiento, la manosfera no surge de la nada. Las fuentes consultadas para este texto coinciden en que gran parte de estos grupos emergen como una reacción a los avances de la cuarta ola del feminismo. Si bien este movimiento ha impulsado cambios significativos y visibles en la sociedad, también ha generado resistencias que, en muchos casos, adoptan formas conservadoras y defensivas. Adolescence ilustra con claridad cómo estas tensiones se materializan en la vida de algunos jóvenes.

La importancia de mirar las masculinidades

Algo muy valioso en la serie es que no se centra del todo en Jamie, sino que nos permite observar el contexto más amplio en el que interactúan la familia, la escuela, las amistades y el sistema de justicia. Esto nos obliga a reflexionar sobre cómo los hombres, desde temprana edad, comienzan a definir su masculinidad. 

Aunque el feminismo ha sido esencial para visibilizar desigualdades y transformar estructuras, también es necesario reconocer la falta de espacios para abordar el malestar masculino de manera saludable, sin recurrir a discursos de odio ni al victimismo. Enfatizo: no se trata de restar importancia a los logros del feminismo, sino de señalar que el sufrimiento masculino ha sido frecuentemente invisibilizado o minimizado.

En ese sentido, en el curso Manosfera. Crisis de las masculinidades online, impartido a través de la plataforma Va de Cuentos, el especialista Ritxar Bacete González señala que la idea de masculinidad que predomina hoy fue forjada para un mundo que ya no existe. Ante este desfase, plantea la urgencia de construir un sostenimiento amoroso que nos permita entender dónde están hoy esos hombres, cómo se sienten y qué necesitan para poder encaminar estas realidades a una dirección más pacífica e igualitaria.

Bacete nos hace cuestionarnos desde dónde nos estamos aproximando a esta problemática y cómo podemos transitar hacia una mirada más compasiva. Comprender estos fenómenos implica reconocer, en primer lugar, que estas redes no existen por casualidad o por rebeldía juvenil, sino que en muchos casos responden a intereses económicos y políticos muy concretos. Influencers y youtubers que difunden estos discursos lo hacen, en muchos casos, porque monetizan con ellos; mientras que ciertos grupos políticos, principalmente de ultraderecha, identifican en la juventud una oportunidad para perpetuar un sistema que les favorece. Como él mismo señala, se ha creado un verdadero negocio a partir del sufrimiento de los hombres.

Para educar a un niño, hace falta una tribu entera

Esta idea se ha repetido entre distintos espectadores de la serie, y hay mucha verdad en ella. La adolescencia es una etapa marcada por la búsqueda de sentido y pertenencia. En medio de los cambios físicos, emocionales y hormonales, este grupo etario navega en un entorno muchas veces adverso, donde hoy en día su vulnerabilidad es aprovechada para sostener y amplificar discursos de odio. Sobrevivir a ello no es fácil, y como adultos debemos tenerlo muy claro: los adolescentes son valientes, y actúan con las herramientas que tienen a su alcance.

Lamentablemente, en un mundo cada vez más mediado por lo digital, la inmediatez y el individualismo, hemos olvidado que las personas necesitamos vínculos reales, tiempo compartido y comunidad. Y cuando esos vínculos no existen o se fracturan, muchos adolescentes seguirán buscando en otros espacios aquello que no encuentran en su entorno cercano: escucha, reconocimiento y sentido de pertenencia. Incluso si eso implica involucrarse en comunidades que validan su dolor desde la rabia y la violencia.

Frente a esto, es urgente recuperar el profundo significado del proverbio africano: «Para educar a un niño, hace falta una tribu entera». Esa tribu somos nosotros: familias, escuelas, comunidades, instituciones y medios. Aunque Adolescence ha causado incomodidad y temor en muchas personas, también nos brinda una valiosa oportunidad: la de mirarnos como sociedad y reflexionar sobre qué tipo de comunidad estamos siendo para los adolescentes de hoy. Más que nunca, se requiere del compromiso colectivo para construir un entorno donde valga la pena crecer. Un entorno que, sobre todo, sea sostenido por el amor, el cual de sentido a nuestros discursos y nos permita abrazar el bienestar de las nuevas generaciones. Es hacia ese ideal al que debemos aspirar.

Referencias

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