«A veces me llama por teléfono un amigo muerto desde hace años»
Así empieza Una canción que no conozco, libro álbum escrito por Micaela Chirif e ilustrado por Juan Palomino. Es un texto que recién conocí la semana pasada y que me llega como un buen acompañante en este momento en que siento una tristeza profunda. Supongo que el Día de Muertos me afecta, aunque es una fecha que no he logrado incorporar a mi duelo; mas bien suelo evitar pensar en ella, me limito a comer pan de muerto y nada más.

Micaela Chirif y Juan Palomino. Una canción que no conozco. Fondo de Cultura Económica
Sé que esto se debe, precisamente, al primer Día de Muertos sin mi papá. Esta celebración tan popular en México, que siempre me había gustado, empezó a resultarme incómoda. Tengo muy claro por qué: en ese año algunas personas (con buenas intenciones, lo sé), comenzaron a preguntarme si haría un ritual o alguna actividad especial. Y como era de esperarse, me preguntaban también si le pondría un altar.
Como no sabía ni qué responder, solo decía que tal vez, que no lo había pensado. Aunque con tanto bombardeo de esta festividad que ha caído en los redes del exhibicionismo mediático que insiste en absorber el significado de los rituales y en borrar cada vez más los límites de lo privado, claro que lo había pensado. Mi mente hacía cortocircuito porque todo el tiempo sentía que me quemaba por dentro de enojo, pero sin poderlo controlar, me mostraba amable, comprensiva, casi pidiendo disculpas.
Y como decía, lo pensé. Al final, decidí no hacerlo porque eso sería aceptar que él ya no estaba aquí, y yo no me sentía preparada. Evitar cualquier tipo de simbolismo era mi manera de no asumir su ausencia, de sostener la esperanza que guardaba en secreto de que todo había sido una pesadilla, y que pronto abriría los ojos para encontrar su mensaje de buenos días en mi teléfono. No había una sola mañana en la que no esperara un rato con los ojos apretados, ilusionada de que al abrirlos sentiría el alivio de haber soñado algo terrible.

Micaela Chirif y Juan Palomino. Una canción que no conozco. Fondo de Cultura Económica
Pero el encanto no me duró mucho. Pronto vi su foto en algunos altares que se subían a redes sociales. En ese entonces, en que estaba tan posesiva con la idea de mi papá, ver su imagen ahí, tan lejos de su casa, tan lejos de la mía, me destrozó. Estaba lidiando con cómo me lo arrebató la vida, para pronto sentir que también las personas podían llevárselo. Por un lado, sentía culpa de no haberle puesto un altar yo, que era su hija, y que por el significado tan íntimo de un altar, no lo hubiera expuesto en redes. Sentí que usurpaban mi duelo, como si nadie más tuviera derecho a extrañarlo. Y no me juzguen, pues en esa época me nutría de enojo, tristeza y culpa en un ciclo interminable.
Al sentir que se me escapaba lo que me quedaba de mi papá, comencé a hablar con él en mi cabeza. Por eso leer la primera frase de Una canción que no conozco me conmovió tanto. Con el paso del tiempo decidí mencionarlo menos en mis conversaciones con otras personas, limitarme a lo que le contaba y lo que, según yo, me respondía, aunque a veces casi no lo escuchaba. Bien dice la mujer del libro que a ratos dejan de hablar mientras él, su amigo muerto, canta muy bajito una canción desconocida.

Micaela Chirif y Juan Palomino. Una canción que no conozco. Fondo de Cultura Económica
Y me parece increíble, y me hace amar aún más los libros, que tres años después, el título de este álbum me ayuda a poner un poco de orden a este duelo tan caótico. La muerte de mi papá me ha llevado a un mundo que no conozco y que, cuando creo que lo estoy entendiendo, algo me sacude y me deja donde empecé: en la incredulidad, en la genuina esperanza de un reencuentro, en la sensación posesiva para que no se me siga escapando, para que no se me olvide nunca, para que nadie me lo quite, para que siga teniendo presente su voz y sus abrazos.

Micaela Chirif y Juan Palomino. Una canción que no conozco. Fondo de Cultura Económica
Escribe Chirif que siempre llega el momento de cortar, donde ambos sienten una enorme tristeza y se ponen a llorar. Y cierra diciendo, respecto al llanto:
«Pero eso sí, por delicadeza, lo hace cada uno por su cuenta».
Quizá es en esa canción desconocida donde a ratos me permito aceptar la muerte. Aunque paradójicamente, en el fondo, es en ese silencio donde mantengo su presencia viva.

2 respuestas a “En silencio”
Que bello y profundo relato en estos días que recordamos a los que partieron. Tengo el libro y volveré a el, seguro que después de leerte, lo haré con otra mirada. Desde la distancia, muchos cariños
Pilarica
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Muchas gracias, Pilarica. Es un libro bellísimo. ¡Te mando abrazos!
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