Imagen del portal Street Art Utopia
En las siguientes semanas estaré preparando una selección de libros para involucrar a niños, niñas y adolescentes en temas relacionados con la política y los problemas sociales que nos afectan de manera directa o indirecta. En este artículo, que no tiene mucho que ver con la LIJ, escribo las razones que me inspiraron a hacerlo.
Aunque desde hace tiempo tengo una inquietud respecto a la formación política y ciudadana desde edades tempranas, fue a finales de marzo que me pareció más urgente que nunca. En esos días, el portal Sin Embargo publicó un par de sondeos respecto a las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo en México en junio de este año.
En ellos, la reportera Nancy Gómez entrevistó a estudiantes de una universidad pública, la UNAM, que es donde yo estudié; y una privada, el ITAM. Con el orgullo un poco herido, admito que lo que escuché de la primera me dejó bastante desesperanzada.
Este sentimiento se debe a que muchas de las respuestas me parecieron fastidiosamente predecibles, reducidas a un par de temáticas y poco informadas; no escuché nada de lo que no se lea o vea diario en Twitter, Instagram, Facebook y TikTok. Lo que me sorprendió es que son respuestas que he escuchado sobre todo en gente de mi edad (en los 30-40), cosa que yo atribuía a una apatía característica de mi generación; pero ver a jóvenes tan despolitizados y ajenos a los acontecimientos de los últimos años -y no solo de los meses de campaña- me decepcionó mucho. Para mí, el problema no tiene que ver con su postura, sino con la falta de ésta. A diferencia de los estudiantes del ITAM, con quienes podré estar de acuerdo o no, estos entrevistados no tenían nada definido; en ocasiones ni siquiera conocían los nombres de los tres candidatos y sus preocupaciones versaban sobre tan solo un par de temas y, aun así, de manera bastante superficial a mi parecer.
Al respecto, quiero aclarar que hasta cierto punto lo entiendo. A veces me pregunto si peco de ingenua al creer en un proyecto político, pero al mismo tiempo pienso que es una parte de mí que no se resigna a que las cosas que no me gustan permanezcan iguales por siempre y a que los pequeños logros se sientan también un poco personales. Eso me tiene en una incomodidad constante pero, al final, no quisiera experimentar la conformidad de no tomar postura y dejar que las cosas transcurran como si nada me afectara. Siempre lo digo: la tibieza no es el camino. Y la tibieza no es inofensiva, puede ser muy peligrosa y abierta a la manipulación.

Cuando aterricé mis reflexiones, quise darles sentido con algún texto que me hiciera sentir menos abatida. Entonces, en mi librero me reencontré con El peligro de la historia única, un discurso magistral de Chimamanda Ngozi Adichie. Me di cuenta que la apatía, la tibieza y el reduccionismo provienen, precisamente, de un relato único.
Para dar un poco de contexto, en este discurso, la autora, nigeriana, cuenta que de pequeña leía solo literatura británica y estadounidense. Aún siendo niña, cuando comenzó a escribir sus primeras historias, los personajes y situaciones que plasmaba se centraban en lo que esos textos le decían, incluso si se trataba de personas y situaciones que le eran ajenas. Entonces afirma algo muy fuerte: «no sabía que en la literatura cabía gente como yo». Y agrego algo que siento que encaja perfecto en este texto que intento escribir, y es que no debemos dejar de lado «lo impresionables y vulnerables que somos ante una historia». Ante una sola historia.
En este sentido, pienso en el discurso que predomina en redes sociales y en medios hegemónicos, el cual se tambalea entre lo tibio y lo fatalista, el peligro constante, la firma con sangre en un país que la derrama; y observo que es el relato único de muchas personas. Las opiniones son exactamente las mismas, como producidas en serie. Lo entendería en otra época pero entonces me pregunto ¿dónde queda toda la literatura de ficción y no ficción producida a lo largo de la historia? ¿Qué hay de todo lo que nos provocan los libros distópicos? ¿Por qué ignorar todo el periodismo independiente de calidad que se produce desde hace algunos años? ¿Dónde se esconde la pluralidad de muchas de sus mesas de análisis? ¿Por qué, si acaso, limitarse a la programación de Televisa y TV Azteca donde se reproduce una y otra vez el mismo discurso gastado y tramposo de todo el sexenio?

Frase de Rebelión en la granja de George Orwell. Imagen del portal Euromoney
Otra vez, Chimamanda sale al rescate de mi agobio (hasta cierto punto). Y es que explica que el relato único beneficia en especial a quienes ostentan el poder, pues sacan ventajas de este reduccionismo: «Poder es no solo la capacidad de contar la historia de otra persona, sino de convertirla en la historia definitiva de dicha persona». Y sin duda, si hay algo poderoso en el mundo son las redes sociales, y si hay algo que sostiene los discursos predominantes son los grandes medios de comunicación que saben que tienen mucho que perder si la gente los abandona.
Así, se vuelve casi intuitivo priorizar lo negativo, lo catastrófico, el nihilismo. Se vuelve fácil homologar a las candidatas y asumir que una de ellas es la calca del actual presidente, cuando no se han detenido a escuchar entrevistas que le han hecho para darse cuenta de que no es así y, entonces, de manera informada, apoyar o rechazar su proyecto. Por muy mal que nos caiga cualquiera de las dos, no podemos desentendernos, porque así solo apelamos a un voto emocional y no a uno razonado, informado y realista con todo lo positivo y negativo que implica.
Ante esto, dice Chimamanda «insistir solo en las historias negativas supone simplificar mi experiencia y pasar por alto otras muchas historias que también me han formado. El relato único crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Convierten un relato en el único relato».

Chimamanda Ngozi Adichie y Chinua Achebe. Imagen del portal This is Africa
Por tal motivo, sostengo que el periodismo independiente hoy en día es imprescindible para lograr lo que un autor citado en el discurso, Chinua Achebe, refiere como el equilibrio de relatos. Y junto con él, todo lo que la literatura tiene que decirnos, ya sea a través de libros informativos, biográficos, históricos… No cualquier medio ni cualquier texto, claro está. Ser periodista independiente no es sinónimo de calidad, y ser escritor, por muy reconocido que parezca, no es sinónimo de verdad absoluta. Pero queda en nosotros la curiosidad, la crítica y la capacidad de discernir. Hacer la tibieza a un lado y no temer al posible desasosiego que genera.
A modo de resumen, pienso que los medios hegemónicos reproducen un discurso único, mientras que los medios independientes dan pie a la pluralidad. Los algoritmos de redes sociales también nos hacen caer en un relato limitado. Además, la literatura es una gran herramienta para complementar nuestras ideas y tomar posturas. Jóvenes y adultos somos responsables de explorarlos y ser críticos con ellos. Elegir, quizá, los que más encajan con nuestra ideología, pero no cerrarnos a la historia que nos cuentan.

Texto de 1984 de George Orwell. Imagen del blog Alma de ficción
Algo que reconozco de muchos de los medios que escucho es que, a pesar de posicionarse abiertamente de izquierda, entrevistan y dialogan de modo civilizado con todo tipo de personajes (hasta los ultraderechistas Agustín Laje y Juan Iván Peña Néder, cuyos planteamientos me parecen terribles y violentos, pero no por esto hay que pasar de largo). Escuchar sí, con emoción, pero buscar objetividad. Ser conscientes de que no tomar postura es muy cómodo porque no nos compromete a nada en este entorno líquido, como diría Bauman, y porque siempre es más fácil decir «para mí todos son iguales». La indiferencia no es resistencia como muchos justifican, sino una forma más de ceder ante el relato único que solo beneficia a quienes, sin pensarlo, te darían una puñalada por la espalda si se sienten amenazados. Suena en mi mente este fragmento de Dogs de Pink Floyd:
You have to be trusted by the people that you lie to
So that when they turn their backs on you,
You’ll get the chance to put the knife in
Termino con una cita de quien, dicho sea de paso, es mi escritora favorita y con la cual cierra su discurso: «cuando rechazamos el relato único, cuando comprendemos que nunca existe una única historia sobre ningún lugar, recuperamos una especie de paraíso».
Muchas gracias por leerme. Dejo aquí el texto y el video del discurso.
