Nota: Todos los textos mencionados están citados al final del artículo.
Debo confesar que cuando escuché críticas fuertes sobre El monstruo de colores de Ana Llenas me sorprendí e incluso llegué a considerarlas injustas. Para quienes no conocen el libro, se trata de un monstruo que se siente confundido porque se le han mezclado las emociones. Entonces aparece en escena una niña, que en realidad parece adulta, y le ayuda a clasificarlas utilizando la fórmula ya muy conocida de asignar un color a cada emoción.

Ana Llenas. El monstruo de colores. Editorial Flamboyant
Al respecto, algunos expertos en LIJ opinan que al catalogar las emociones de esta forma, se resta libertad y se pierde el aspecto lúdico. Así lo explican Luis Amavisca y Alicia Acosta, autores de El rojo no está enfadado, el azul no está triste, creado como respuesta a esta forma de abordar un tema que es muy complejo, pero que mediante publicaciones como la de Llenas se simplifica sobremanera.

Luis Amavisca y Alicia Acosta. El rojo no está enojado, el azul no está triste. Editorial Flamboyant
En una entrevista con El País, los autores comentan que más que el texto en sí, lo problemático puede ser la forma en que se utilice: «Como libro está muy bien. Pero al haberse difundido y trabajado tanto en los colegios, nosotros decimos que esa metodología puede hacer daño.»
Por otro lado, Ana Garralón, una de las críticas en literatura infantil más brillantes de nuestros días, evidencia la lógica adultocentrista detrás de este tipo de escritos, pues «obligan a los niños a ser intérpretes de sus propias vidas, a ejercer el autoanálisis como si el adulto que le rodea fuera el psicoanalista o el psicólogo que le va a decir dónde falla y qué tiene que hacer para mejorar o satisfacer las expectativas de los demás.» Ella cita al escritor Sergio del Molino, quien irónicamente afirma que «solo falta que los niños empiecen a hacer tablas de Excel con sus emociones.»
Para no ser repetitiva mostrando otros puntos de vista, lo que tienen en común es un señalamiento hacia la simplificación, el adultocentrismo y el peligro de crear narrativas donde las emociones se atribuyan como responsabilidad completa del individuo sin mirar el entorno. La investigadora Mariana Nobile señala que este tipo de enfoque en educación emocional (EE) cae en la psicologización de los discursos pedagógicos, lo cual tiene como consecuencia la superficialidad y la etiquetación.
Como mencioné al inicio, algunas de estas críticas me parecían injustas porque para mí este libro era tan solo una herramienta más para trabajar con niños y niñas. Pero conforme fui investigando más, comencé a dudar, hasta que algunos de mis supuestos se rompieron al conocer su última obra: El monstruo de colores: doctor de emociones (en adelante me referiré a él solo como Doctor de emociones).

Ana Llenas. El monstruo de colores: Doctor de emociones. Editorial Flamboyant
Del 1 al 10
En esta nueva entrega, Nuna se siente extraña y va con el monstruo, ahora un doctor experto en emociones. En esta parte voy a ser muy descriptiva con lo que ocurre porque es clave para el análisis posterior.

Ana Llenas. El monstruo de colores: Doctor de emociones. Editorial Flamboyant
«Pues no sé qué me pasa, pero no estoy bien. Ayer me pidieron que hiciera una cosa que yo no quería hacer. Y, no sé cómo, acabé diciendo que sí. Ahora tengo una sensación muy rara…»
De inmediato, sin siquiera indagar en qué fue aquello a lo que dijo que sí cuando quería decir no, el doctor empieza a medir las emociones con cuestionamientos como: ¿dónde tienes esa sensación? Luego le pregunta, como si la respuesta no fuera obvia, si la sensación es agradable o desagradable. Posteriormente, le pide que en una escala del 1 al 10 mida su malestar. Seguido de esto, le muestra caras que van de la más feliz a la más triste para que señale con cuál se identifica. Luego, sin más, le muestra el botiquín de regulación emocional lleno de estrategias para sentirse bien. Y después… ¡más y más estrategias!
Al final, sin hacer por lo menos un diagnóstico, el médico receta “el jarabe del No” con indicaciones llenas de lugares comunes.

Ana Llenas. El monstruo de colores: Doctor de emociones. Editorial Flamboyant
En esta obra no es difícil observar la superficialidad con que se aborda el tema. Me pareció preocupante que se centrara solo en atacar el malestar y no la causa, más cuando implica a una niña que hizo algo que no quería. Entiendo que la forma de medir y de generar estrategias puede ser efectiva, incluso este tipo de acciones se llevan a cabo en la terapia cognitivo-conductual, pero no podemos obviar que Nuna estaba dispuesta al diálogo y no había motivo para intervenciones tan apresuradas (a menos que el doctor cobre 2500 pesos por consultas de 15 minutos, una tras otra, como suele suceder).
Sin embargo, conviene rescatar que existe congruencia entre el texto y el propósito de la autora, quien en una entrevista también con El País menciona que el objetivo de la serie de este monstruo es reconocer, sentir y nombrar lo que sentimos. Más adelante, al preguntarle si considera que sus libros ayudan a gestionar emociones en concordancia con los nuevos relatos de autoayuda, ella no lo niega:
«Podría ser. Un libro no sustituye a la terapia, pero la verdad es que es mucho más económico. Pienso que la invasión a la que se refiere se debe a que los libros de hoy en día responden a las necesidades y los valores actuales, donde como sociedad necesitamos y pedimos una mayor indagación y conciencia emocional. Y este proceso empieza por nosotros, los adultos; los niños vienen después.»
Y en específico sobre Doctor de emociones, explica que es un texto que ayuda a curar las emociones que se hacen bola.
Creo que es en este punto donde las críticas en cuanto a sus alcances me hicieron sentido. Y, sin duda alguna, encaja dentro de un discurso neoliberal. Profundizo en este tema en el siguiente apartado, donde recurro sobre todo a dos autoras: Wendy Brown y su libro El pueblo sin atributos. La secreta revolución del neoliberalismo y Mariana Nobile con su artículo Sobre la ‘educación emocional’: subjetividad y psicologización en la modernidad tardía.
Lógicas neoliberales en los llamados «libros de emociones»
Cuando hablamos de neoliberalismo tendemos a pensar solo en términos políticos y económicos. Pero, como bien dice Brown, es una racionalidad que interviene en todo lo que hacemos. Una de sus principales consecuencias es que se concibe al ser humano en función de conductas económicas. Así, afirma la autora, nos transformamos exclusivamente en homo oeconomicus en todos los aspectos de nuestra vida, pues permea cada espacio. Por supuesto, el educativo, y dentro de él la EE, no podrían ser la excepción.
De este modo, lo humano se reduce a actuaciones en función del mercado. Tan es así, que la llamada EE ha definido competencias emocionales que se individualizan y reducen a tal grado que se desdibujan las dimensiones históricas, sociales e institucionales que nos atraviesan.
Hasta aquí, es importante precisar que históricamente la EE parte de principios cognitivos y racionales. Sus bases están en la psicología positiva y la inteligencia emocional. Al ser algo tan racionalizado, desde este lente las emociones tienden a desestimarse y deben superarse (o curarse, como diría el doctor monstruo), pues lo que se busca es ser emocionalmente competentes y no para el logro del bienestar, base de la salud mental, sino para ser más productivos y ahora, como suelen recordar todo el tiempo a niños y adolescentes, tener más habilidades para los futuros empleadores.

Ana Llenas. El monstruo de colores. Editorial Flamboyant
En pocas palabras podríamos decir que el gran problema de la EE es que se subordina a proyectos económicos y no a proyectos humanos. Lo peor es que se ha vuelto difícil de cuestionar, ya que el discurso neoliberal ha quedado muy interiorizado en muchos de nosotros, moldeando así nuestras conductas y relaciones1.
La jerga económica
Para no extenderme mucho más de lo que ya lo hice, recurro al filósofo Carlos Javier González Serrano y su fuerte crítica a cómo el lenguaje económico se ha normalizado al hablar de emociones con palabras como: sacar provecho, regular, rentabilizar y la palabra estrella: gestionar. Como bien dice: «Si nuestras emociones quedan secuestradas por el lenguaje económico, también se estrechan los límites de nuestro mundo.»

Ana Llenas. El monstruo de colores: Doctor de emociones. Editorial Flamboyant
Asimismo, afirma que es importante no olvidar que el lenguaje puede crear cárceles ideológicas, constituidas en este caso por fórmulas que nos invitan a la introspección (necesaria), pero no a ver lo que nos rodea y aquello que nos atraviesa. Dice Garralón: «trasladar el discurso del management a la vida personal significa que el criterio principal que rige los tratos y las relaciones es la gestión administrativa.»
Regresando al monstruo
Para finalizar, hago unas últimas anotaciones. En primer lugar, resalto que cada vez se defiende más que toda obra se lee desde su contexto, sobre todo frente a los múltiples intentos de censurar aquellas que se han escrito en otra época y que hoy generan dudas e incluso indignación. Pero este contexto debe considerarse también en el presente, por lo que en medio de una sociedad con tendencias individualistas, donde imperan discursos basados en el coaching, donde se responsabiliza al sujeto de todo lo que le pase, donde se ha generado un discurso espiritual capitalista por contradictorio que parezca, como defiende Ronald E. Purser en su libro McMindfulness, reproducir estas ideas y formas de actuar en las poblaciones más jóvenes conlleva una responsabilidad considerable.
En segundo lugar, de manera personal entiendo que obras como El monstruo de colores tienen sus limitaciones y la autora no es responsable del uso que se hace de ellos. Yo llegué a utilizarlo en el nivel preescolar y fue muy útil, pero hubo un fuerte trabajo de mediación y se combinó con otras herramientas y lecturas. También pienso que en un contexto terapéutico puede ser un buen aliado. Es decir, para nada condeno su uso, pues por experiencia sé que tiene potencial didáctico entre los más pequeños.
El problema es que no todas las familias ni todos los docentes tienen los conocimientos suficientes de estos alcances y barreras, convirtiéndose en un recurso tentador por lo atractivo que es visualmente y por lo fácil que aparenta abordar la complejidad de las emociones.
Pero sí es necesario comprender el entorno en que se inserta, donde cada vez se da más importancia a que la felicidad está en uno mismo y a ideas de que las adversidades pasan y tú, solamente tú, decides si te afectan o no, quitando así toda la responsabilidad a personas o instituciones que generan grandes malestares, y que incluso potencian desigualdades.
Por último, contrario a narrativas donde se invita a los niños y niñas a cuidarse pero también ver por el bien común, este tipo de libros, de no usarse con conciencia, pueden contribuir al conformismo social. Y así como no se profundizó en lo grave que es que una niña haya dicho «sí» a algo que le incomodaba, la tendencia está en medir de modo objetivo para curar, como si las emociones fueran una enfermedad.
Cierro con una reflexión que tomo textual de Serrano: «¿podemos llegar a expresar el dolor y el sufrimiento si la única retórica que nos resta es la jerga económica?» Ciertamente, habrá que recorrer y trazar nuevos caminos en la LIJ. Caminos, de preferencia, colectivos.
Referencias
– Ana Garralón (2018). El monstruo de colores se equivoca. O la insoportable idea de gestionar las emociones con libros para niños. https://anatarambana.substack.com/p/el-monstruo-de-colores-se-equivoca-o-la
– Carlos Javier Serrano (2023). La expropiación del mundo. https://ethic.es/2023/04/capitalismo-la-expropiacion-del-mundo/
– Diana Oliver (2023). Anna Llenas, autora de ‘El monstruo de colores’: “Con un libro no tenemos suficiente para aprender a gestionar las emociones. ¡Ojalá fuera tan fácil!”
https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-10-11/anna-llenas-autora-de-el-monstruo-de-colores-con-un-libro-no-tenemos-suficiente-para-aprender-a-gestionar-las-emociones-ojala-fuera-tan-facil.html
– Mariana Nobile (2017). Sobre la ‘Educación Emocional’: subjetividad y psicologización en la modernidad tardía.
https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.13645/pr.13645.pdf
– Tommaso Koch (2023). Colores y emociones: la polémica más sorprendente de la literatura infantil. https://elpais.com/cultura/2023-06-06/colores-y-emociones-la-polemica-mas-sorprendente-de-la-literatura-infantil.html
– Wendy Brown (2015). “El pueblo sin atributos. La secreta revolución del neoliberalismo”. Malpaso Ediciones
- Como pequeño paréntesis y a modo de ejemplo, sería interesante reflexionar en torno a las críticas realizadas a la Nueva Escuela Mexicana que ha sido severamente juzgada por poner énfasis en lo común y la comunidad, y ya no en las competencias individuales. De manera personal, me parece que es un buen comienzo; pero diversos grupos poderosos pondrán todo el empeño en destruirlo, pues de ser así, la formación académica, y dentro de ella la parte emocional, dejaría de servir a los intereses de quienes concentran la riqueza en el país. Aún así, muchas personas que no forman parte de ese grupo acaudalado, lo defienden y defenderán a capa y espada. ↩︎